3 Emociones que nos limitan

3 Emociones que nos limitan

Para poder transmutar estas 3 emociones que nos limitan, debemos empezar, como todas las cosas, por el principio.

¿Sabemos exactamente qué es una emoción?

La palabra emoción proviene del latín, del verbo movere, que significa moverse, y del prefijo e. Que se traduciría como “movimiento hacia”. Debemos tener claro entonces, que una emoción provoca en nosotros una tendencia a la acción.

Lo que más nos interesa es comprender ciertas características de las emociones para que ese aprendizaje nos permita vivir mejor día a día. El conocimiento que no podamos aplicar, es inútil.

¡Vamos allá!

Enfado

El enfado es una emoción que aparece cuando necesitamos defendernos de un posible enemigo. Genera el aumento de flujo sanguíneo en las manos facilitando de esta forma la lucha con un posible enemigo empuñando un arma o golpeando. También aumenta el ritmo cardíaco y la tasa de hormonas que, como la adrenalina, generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas.

Durante la evolución del ser humano, el enfado es la respuesta adecuada ante la amenaza física de los enemigos reales. Hoy en día se desencadena ante la amenaza simbólica de nuestra autoestima o amor propio.

Por ejemplo: sentirse tratado ruda e injustamente, sentirse insultado, menospreciado, frustrado en la consecución de determinados objetivos, etc.

Cuando se produce el enfado, el sistema límbico libera catecolaminas. Estas sustancias generan la energía necesaria para emprender una acción decidida, duran unos cuantos minutos. Por otro lado, la amígdala, activa una oleada energética a lo largo de la rama adrenocortical del sistema nervioso, cuya excitación puede durar horas e incluso días. Esto es lo que provoca que cuando las personas ya han sido ligeramente excitadas, están  más predispuestas a enfadarse por otras razones, aunque sean más insignificantes.

¿Cómo logramos transmutar el enfado?

El primer paso consiste en prestar atención para poder darnos cuenta de los pensamientos que desencadenan la primera descarga de enfado. A partir de aquí, en lugar de fomentar los motivos que nos llevan al enojo, conviene encuadrar la situación en un marco más amplio. Ver la situación de la mayor cantidad de puntos de vista posibles fomentando la comprensión hacia nosotros, hacia los demás y hacia las circunstancias. Esto nos permitirá reducir la irritación.

Los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, por eso, la distracción es un recurso eficaz para evitar el enfado. Son de gran utilidad los métodos de relajación, como la respiración profunda o la distensión muscular, así como el ejercicio activo, la lectura o la ocupación en labores que sean de nuestro agrado.

Atención+ Aumento de Puntos de Vista + Distracción = Reducción Enfado

La preocupación

Si tenemos en cuenta la palabra “pre-ocupación” el significado más sencillo sería: ante una situación de la que tenemos que “ocuparnos”, pensar antes las posibles soluciones. ¿Para qué? Para producir en nosotros un sentimiento de seguridad y tranquilidad ante dicha situación. Es el tomar las acciones adecuadas para estar preparados para enfrentar una situación determinada.

La preocupación vista de esta manera, es útil.

Pero si se vuelve crónica y reiterativa y no nos acerca a la solución del problema, la preocupación se convierte en frustración. Ya que genera ideas obsesivas que no aportan nada, sino todo lo contrario. Y esto puede desencadenar arrebatos nerviosos, fobias, obsesiones, convulsiones, ataques de pánico, etc.

Para no tener que llegar a todo esto, el primer paso es conocerse a sí mismo. Y actuar cuando reconocemos el estado de ánimo previo a la espiral de ansiedad. Este suele caracterizarse por el aumento de pensamientos circulares repetitivos.

El siguiente paso consiste en poner a prueba las creencias que sustentan la preocupación. ¿Es 100% seguro que ocurra el acontecimiento temido? ¿Hay algo positivo/útil que pueda hacer al respecto? ¿Realmente me sirve de algo dar vueltas y más vueltas a los mismos pensamientos?…

 “Es la razón, por sí misma, la que hace la vida feliz y agradable al expulsar todas las ideas y opiniones falsas y evitar así toda perturbación de la mente”. Epicuro

Pensar + Acción + Autoconocimiento = Tranquilidad + Seguridad

Tristeza

La tristeza, cuando se debe a una pérdida irreparable, es una especie de refugio reflexivo.

Nos permite poner un freno a los afanes y ocupaciones de la vida cotidiana y tomarnos el tiempo necesario para vivir el duelo y asimilar nuestra pérdida.

Nos lleva a realizar un ajuste psicológico y planificar nuestra vida para el futuro con otra visión. En este sentido, la tristeza es útil. Al contrario de la depresión o tristeza patológica donde lo más aconsejable es ponerse en manos de un especialista.

En cuanto a la tristeza común o simple melancolía, no es aconsejable el aislamiento. Aunque sea lo más atractivo para quien la padece. Son aconsejables las actividades sociales, cuyo objetivo es que la mente se olvide de su tristeza.

Las personas con suficientes recursos internos pueden afrontar los pensamientos que se esconden en el núcleo de la tristeza. Esto les permitirá cuestionar su validez y considerar alternativas más positivas. Y, por lo tanto, encontrar soluciones a las causas que generaron el problema.

Es de gran ayuda para elevar nuestro estado de ánimo, el proporcionarnos algún pequeño triunfo personal. Aunque sean cosas sencillas como realizar alguna tarea doméstica que teníamos pendiente o cambiar de imagen.

Y teniendo en cuenta que la depresión se nutre de pensamientos que giran en torno a uno mismo, el hecho de ayudar a alguien o entregarse a alguna actividad de voluntariado, ayuda a salir de ese estado. Para las personas con una orientación religiosa, la oración es un gran elevador del estado de ánimo.

Reflexión + Triunfo Personal + Ayuda a otros = Alegría

No hay nada que no podamos transmutar en nosotros si hay un verdadero deseo. ¡El auténtico anhelo nos llevará a realizar lo necesario para conseguirlo!