¿Quieres ser amigo del tiempo? ¡Lógralo en tres fases!

¿Quieres ser amigo del tiempo? ¡Lógralo en tres fases!

Cada semana esperamos con ansias el fin de semana. Gloria para esos días en que no tenemos que ir a trabajar (bueno, ¡algunos!) y tendremos muchísimo tiempo. Entonces, pensamos que podremos disfrutar, completamente de un día ENTERO o dos, para nosotros, sin responsabilidades ni compromisos.

Y pasa algo curioso en esos momentos: ¡nos entusiasmamos! Porque imaginamos cómo nos sentiremos cuando, ¡al fin! hayamos terminado aquello que llevaba días, meses o incluso ¡años! pendiente de hacer. Y apuntamos una, dos, tres… siete, ocho… tareas ambiciosas.

Llega el lunes y… ¿qué nos pasa?

Nos sentimos frustrados la mayoría de las veces, porque no hemos cumplido con lo que nos habíamos propuesto. Frustrados, con rabia, con culpa… con un montón de emociones que no nos convienen, pero que aparecen tan recurrentes en nuestras vidas.

Llegó el momento de cambiar: de hacernos amigos del tiempo.

Comencemos. Si medimos el tiempo de todas las tareas que tenemos que realizar de manera lineal, probablemente necesitaríamos más de 24 horas al día para hacer todo lo que queremos.

Esa no es la manera más eficiente de manejar al tiempo. Es necesario que aprendamos a organizar nuestro tiempo de diferente forma.

¿Cómo? Aprendiendo hacer varias cosas al mismo tiempo, pero sin perder la conciencia puesta en cada una de ellas. Parece difícil, porque hay que ejercitar casi simultáneamente la atención, la concentración, la memoria y la imaginación, pero con un poco de práctica, es más fácil de lo que parece. Algunas de estas cosas las hacemos inconscientemente, la cuestión es hacerlas de manera consciente y programada… y poner a trabajar nuestra imaginación.

Pero no hay vuelta que darle. Siempre las cosas se tienen que comenzar por el principio. Y para organizar mejor nuestro tiempo disponible es necesario trabajar básicamente en tres fases:

FASE DE PLANIFICACIÓN

Hay que clarificar y jerarquizar bien los objetivos y distinguir lo que es esencial e importante, de lo que es secundario. Determinar los pasos a seguir y el tiempo necesario para su realización, con fechas límites de plazo, hasta conseguir los objetivos. Y establecer prioridades en base a los factores de urgencia e importancia (importante y urgente – importante pero no urgente – urgente pero no importante – ni importante ni urgente).

 

FASE DE REALIZACIÓN

Es la aplicación del plan a la práctica, evitando las trampas de las tres leyes de la inacción. La ley del mínimo esfuerzo, la ley de las interrupciones (porque siempre se tiende a buscar alguna excusa para abandonar el trabajo) y la ley de la dilación, por temor al error, al riesgo o por pasividad.

 

FASE DE REVISIÓN

Hay que ser capaces de confrontar las acciones realizadas con las planeadas, analizarlas para aprender de los errores (y no repetirlos) y para valorar lo que salió bien (respondiendo a preguntas como: ¿por qué salió bien? y ¿cómo lo hice?).

Esta revisión se debe aplicar, tanto a la fase de realización como a la de planificación.

Esto, erróneamente, nos parece una pérdida de tiempo. Sin embargo, aquí está el secreto para lograrlo.