6 Prácticas para Construir una Sana Autoestima

6 Prácticas para Construir una Sana Autoestima

Cada persona es un misterio y no podemos generalizar. Como podemos decir también, que las mismas recomendaciones no van a ser útiles para todas las personas. Para construir una Sana Autoestima debemos hacer nuestras las enseñanzas, es decir, buscar siempre su aplicación en nuestra vida. Debemos lograr esto para avanzar.

Branden (psicoterapeuta canadiense, 1930-2014), llegó a la conclusión, a pesar de las diferencias, de que las personas que disfrutaban de una autoestima sana seguían 6 prácticas que fortalecían aún más su autoestima.

  1. La práctica de vivir conscientemente.

Imagino la consciencia como una especie de nave del futuro que nos permite viajar en el tiempo y en el espacio viviendo un eterno presente. Pongamos un ejemplo: estoy hablando con una amiga y de pronto me acuerdo que tengo que terminar un proyecto del trabajo. En los segundos que dura ese pensamiento, viajé hacia mi escritorio, me senté en la silla y comencé a mirar mi ordenador. En esos segundos, mi cuerpo estaba enfrente de mi amiga, pero no así mi conciencia. Por lo que cuando vuelvo al espacio y al tiempo en el que se quedó mi cuerpo, yo no recuerdo lo que me ha dicho mi amiga. ¿Os ha pasado esto alguna vez?

Todos tenemos esta nave del futuro, todos tenemos conciencia. El tema es que no todos podemos controlarla como nos gustaría. El vivir conscientemente es saber cómo dirigir esa nave tempo-espacial.

  1. La práctica de vivir con un propósito.

Un propósito nos concede un eje, una dirección y, lo más importante: nos da la sensación de tener el control sobre nuestra existencia.

Las metas nos permiten avanzar, que nuestras facultades sean exigidas y que la energía existencial no sea desaprovechada.

¡Ojo! Que la raíz de la autoestima no se encuentra en los éxitos tangibles, sino en las prácticas generadas internamente que posibilitan esos logros.

  1. La práctica de aceptar responsabilidades.

– de hacer realidad nuestros deseos;

– de nuestras elecciones y actos;

– del grado de conciencia con el que vivimos;

 – de nuestra comunicación con los demás;

– del modo de administrar nuestro tiempo;

– de los valores con los que vivimos;

– de elevar el grado de autoestima.

  1. La práctica de vivir con integridad.

A medida que una persona madura y desarrolla sus propios valores y estándares o los absorbe de otros, el tema de la integridad personal, va asumiendo una creciente importancia en la evaluación que la persona hace de sí misma. Cuando la conducta es congruente con los valores profesados (cuando el ideal y la práctica son coherentes entre sí), se dice que una persona tiene integridad.

Los que se comportan de una manera que entra en conflicto con sus propios juicios sobre lo correcto, quedan mal ante sí mismos. Si esta se convierte en su habitualidad, confían menos en sí mismos o dejan de hacerlo por completo.

Cuando una falta de integridad afecta a la autoestima, lo único que puede cambiar la afección y sanar la herida es la práctica de la integridad.

  1. La práctica de aceptarse a uno mismo.

Tiene que ver con ser humilde. La mejor definición de humildad que he escuchado hasta ahora es: ser consciente del tramo del camino recorrido y del que me falta recorrer.

Y aceptar con amor esta situación. Tengo que aceptar y mirar de frente mis fantasmas y monstruos. Luego hacerme amiga de ellos y caminar de la mano transformándolos.

Debemos tener en cuenta que nuestros mayores defectos son también nuestras mayores virtudes. ¡Piénsalo!

  1. La práctica de afirmarse a uno mismo.

Reafirmarme a mí mismo es el siguiente paso después de comprometerme con mi aceptación. Reafirmarme significa ir a por cómo quiero llegar a ser. Salir de mi zona de confort y comenzar con las acciones efectivas que me llevarán a crecer.

¡A por ello!