¿Repetir? No, gracias.

¿Repetir? No, gracias.

Repetir significa realizar una acción varias veces.
Hoy estamos influidos por un mundo que fomenta lo novedoso y lo que cambia constantemente. Por lo que, normalmente, repetir no nos suele gustar mucho. Lo vemos sobre todo cuando logramos sobreponernos de alguna situación difícil y pensamos que ya no nos volverá a pasar lo mismo, que no nos volveremos a sentir nerviosos al hablar en público, que no cometeremos los mismos errores con la próxima pareja, que no me volveré a sentir desanimado o sin rumbo en la vida, que no volveré a perder los papeles cuando mis padres se entrometan en mi vida, etc.
Sin embargo, si miramos la naturaleza, vemos que el sol sale todos los días, que siempre después del verano llega el otoño y después el invierno y después la primavera. Siempre es así, una repetición de día y noche y, en el otro caso, de las 4 estaciones siempre ordenadas de la misma manera. Durante miles, durante millones de años repitiendo lo mismo.
¿Y por qué nosotros no queremos repetir nada?
Creo que a veces asociamos el repetir con el sentirnos tontos, con el no ser lo suficientemente inteligentes como para aprenderlo a la primera. Y a pesar de tener eso algo de verdad, porque tenemos que repetir las cosas porque aún no hemos aprendido la lección…
¿Qué pasaría si en lugar de asociar el sentimiento de no ser lo suficientemente bueno, asociáramos, el repetir, con la búsqueda de la perfección? ¿Qué pasaría si pudiéramos estar atentos cuando estamos repitiendo algo y darnos cuenta de no estamos haciendo lo mismo sino que lo estamos haciendo para que cada vez sea mejor?
Las cosas para nosotros cambiarían un montón. Entonces, los sentimientos de insatisfacción nos servirían de brújula en nuestro sentido de vida y no nos enojaríamos con nosotros mismos cuando tropezáramos con la misma piedra una y otra vez, sino que abriríamos los ojos y nos transformaríamos.