Vida interior & Vida exterior

Vida interior & Vida exterior

Vida interior & Vida exterior

Muchísimas veces escuchamos hablar de “vida interior”. Y cuando nos referimos a ello, sin ser muy conscientes estamos dando por sentado que existen dos formas de vida: una interior y otra exterior.

Comencemos analizando, ¿qué es vida interior?

La vida interior es la posibilidad que tiene nuestra conciencia de observarse a sí misma.

Verse por fuera es muy fácil, pero observarse por dentro empieza a ser complicado, si no desarrollamos los sentidos necesarios para esta otra observación.

La palabra reflexión encierra el secreto de esta observación interior. Una reflexión es una flexión que hacemos hacia adentro. Es como si pudiéramos inclinarnos hacia nuestro interior. Es el momento en que la conciencia deja de estar sometida a las exigencias externas y se flexiona hacia adentro, observando y analizando.

¿Tenemos dificultades para desarrollar nuestra vida interior? ¿Cuáles?

Dilatar algo que es necesario. Por comodidad, por pereza, por falta de voluntad, por falta de disciplina. Sabiendo lo que tengo que hacer y sabiendo que en ello voy a encontrar una solución, lo pospongo.

El que se quiera sentir cómodo, va a tener siempre los mismos problemas. Y si cree que los ha resuelto, los va a volver a vivir, con otro matiz, al cabo de cierto tiempo.

Otro problema que suele surgir, es decir que no se tiene tiempo para la vida interior: “Mi vida está tan delimitada, tan ocupada; mis horarios están tan restringidos que no tengo tiempo para la vida interior”.

Existe un manual de traducciones en el que dice: “No tengo tiempo = No me gusta”. En el mismo diccionario dice: “Tengo tiempo para todo lo que me gusta”. Todos conseguimos encontrar tiempo para todas aquellas cosas que nos gustan.

Ante la vida interior, no existe el me gusta o no me gusta; existe el debo o no debo. Evidentemente, debo, y como debo, encuentro tiempo.

Ejercicios para la Vida Interior

Existen ejercicios muy efectivos.

Sin embargo, suelen ser los más despreciados por nosotros. Por su sencillez y su barato coste: ejercicios de atención y de concentración.

Podemos hacer miles de cursos pero si necesitamos llevar la conciencia a lo profundo de nuestro interior, no tendremos más remedio que usar nuestra concentración. Y tenemos que saber hacerlo, porque si estamos dispersos es muy difícil lograrlo.

También es recomendable la purificación, porque es muy difícil trabajar con la vida interior cuando todo está sucio de miedos, celos, orgullo, vanidad y completamente desordenado.

No penséis que esto es sólo un ejemplo teórico. ¿Alguien ha intentado trabajar en una habitación sucia y desordenada? Un buen trabajo está siempre en relación con el orden y la limpieza que tenemos alrededor. Un buen trabajo en la vida interior, está en relación con la limpieza y el orden de nuestro ser interno.

Todos los ejercicios de imaginación son, también, enriquecedores de la vida interior. La vida interior tiene un lenguaje muy particular y es el de la imagen. La vida interior integra palabras, integra conceptos, pero en rigor, vive de las imágenes.

Además, la vida interior es una forma muy buena de aprendizaje.

En primer lugar, porque observamos la vida y la naturaleza de otra manera. Cuando vemos el mundo desde adentro estamos buscando en rigor las leyes de la naturaleza. Si sólo vemos el mundo con los ojos físicos, lo único que hacemos es observar convirtiéndonos en observadores casuales de la naturaleza sin importarnos sus leyes, no respetándolas y no pudiendo vivir con esas leyes. Para comprender las leyes de la naturaleza hay que vivir con ellas, verlas desde adentro y comprenderlas desde adentro.

En segundo lugar, porque cuando se lee o se estudia desde adentro, funciona la memoria. Cuando se lee o se estudia desde afuera, funciona la mecánica del hábito o una mecánica instintiva que tiende a diluirse con mucha facilidad.

Recordemos que cuanto mejor sea nuestra vida interior, mejor será nuestra vida exterior, porque ambas tienen una conexión inexcusable. Según lo que se hace, así se vive por dentro, según como se actúa es como te mueves por dentro.

La vida interior no necesita otro tiempo. Se vive mientras se vive. Si la vivimos en otro momento sería un pegote. Lo que hay que conseguir es que funcione en todo momento, a lo largo del día, hagamos lo que hagamos.

Si la vida interior es rica y profunda está siempre presente, no siendo  de otro tiempo. Lo único que necesitamos es reflexión, vernos a nosotros mismos cuando hacemos las cosas. Es vernos a nosotros mismos limpiando la casa, es vernos a nosotros mismos caminando por la calle, es vernos a nosotros mismos en una conversación intrascendente… Esta reflexión es la que vale, porque estamos haciendo una observación en directo, y no la que hacemos cuando nos hemos alejado del mundanal ruido. Nos estamos viendo en el momento en que debemos vernos, es decir, durante todo el día. En esos momentos, que son los de siempre, comenzamos a observar y mejorar nuestra vida interior.

Todo el tiempo de vigilia es tiempo para la vida interior. Y aún en sueños tenemos tiempo para la vida interior, debiendo existir una voz de alarma que nos despierte cuando un sueño sea terrible o nos haga morir de miedo. De esta forma veremos la cantidad de beneficios que trae, aun durmiendo.

Todos nos preocupamos enormemente por la cantidad de viajes que podemos hacer, la cantidad de mundo que podemos conocer o la cantidad de paisajes que podemos atesorar, pero todos tenemos muchísimo miedo de hacer el más maravilloso de los viajes, el viaje al mundo interior.

El mundo interior no es pequeño. Existen paisajes únicos, mundos infinitamente grandes. Lo que jamás vamos a conocer por fuera lo vamos a conocer por dentro. Allí donde no nos van a llevar ni trenes ni aviones, nos va a llevar nuestra imaginación. Ese tiempo que nunca nos alcanza fuera, se hace infinitamente largo si aprendemos a vivir por dentro.

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Fuente de las ideas: Filósofa Delia Steinberg Guzmán